Datos históricos.
Tarazona de Guareña nace probablemente en la repoblación del siglo XI. Debido a su nombre, gentes venidas de Aragón, en concreto de la región de Tarazona, fueron las primeras que se asentaron en este lugar. Quisieron conservar sus raíces a través del nombre de origen. Como en otros pueblos y ciudades, la población fue al principio cultural y religiosamente diversa, compuesta por judíos, cristianos y musulmanes. En un documento del siglo XII, conservado en el archivo de la Catedral de Salamanca, se constata que un vecino de Tarazona vende una casa a un judío. También se conservan otras referencias históricas posteriores, como el testamento del canónigo Pedro Bernal, a principos del siglo XV, en el que dona parte de sus bienes para el sostenimiento de un hospital. En el siglo XVI el pueblo se convierte en villa, favoreciendo su desarrollo. De esta época data la construcción del templo parroquial y la capilla de enterramiento de Catalina Marta. Durante los siglos XVII y XVIII los condes de Monterrey y, luego, los duques de Alba reciben el título de marqueses de Tarazona, tratándose de un título honorífico que solo les daba derecho a nombrar los alcaldes de la villa. Sin embargo, este derecho llevó a la gente de Tarazona, a mediados del siglo XVIII, a levantarse contra la Casa de Alba. La Guerra de la Independencia del siglo XIX también deja su huella en Tarazona, como la historia del dinero y los documentos guardados en las eras por el ayuntamiento contra el saqueo francés, pero desgraciadamente descubiertos por estos. Desde mediados del siglo XX, la gente de Tarazona, dependiente mayoritariamente de la agricultura y la ganadería, sufre progresivamente la despoblación y el envejecimiento del mundo rural. La inquietud y el pesimismo ante el futuro pesa sobre la gente.
 
El edificio de la Iglesia Parroquial
Su construcción transcurre desde los siglos XVI al XVIII. De una sola nave, con capillas adosadas junto al presbiterio, para formar un crucero, y una torrre levantada a los pies. Se trata de un edificio sobrio y sencillo, que combina piedra y ladrillo, pero que nos acoge e invita a entrar por medio de una portada realizada en piedra arenisca del estilo final del gótico, llamado hispano-flamenco. Es la representación de Cristo que invita a entrar por Él: “Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo” (Juan 10, 9). Una vez dentro descubrimos a los pies la pila bautismal de piedra del siglo XVI, bajo la torre de las campanas, simbolizando la llamada de Jesús a ser sus discípulos. Desde la pila bautismal, donde comenzamos a ser hijos de Dios, nos encaminamos hacia la mesa de la Eucaristía, cúlmen y fuente de la vida cristiana. En otro tiempo hubo, según documentos escritos, un retablo barroco del siglo XVIII, según las trazas de Alejandro Carnicero; también a este escultor se le mandó realizar la talla del patrón de la Parroquia, San Miguel. Hoy, sin embargo, nos preside una enorme talla de madera de Cristo crucificado de los años 70, que representa a Jesús como el Siervo que carga con el pecado y el sufrimiento de la humanidad. Desde esta mirada nos invita a poner la Eucaristía en el mundo. La capilla norte o del Evangelio es la que tiene mayor interés histórico y artístico. Fue mandada hacer el año de 1565 por Catalina Marta para su enterramiento a Pedro Lanestosa. Realizada en piedra, de estilo renacentista, cubierta por un arco de medio punto, decorado con casetones que alternan cabezas de ángeles y flores, imagen de la Jerusalén celestial a la que desea entrar una vez acabada esta vida. Merecen, por último, ser destacados dos retablos pequeños del siglo XVIII, situados en la nave central, dedicados a San Antonio de Padua y a María. La comunión con estos testigos de Jesús de otros tiempos nos anima a ser discípulos de Él.  

La vida de la Comunidad Parroquial de San Miguel
Hay tres rasgos que definen a nuestra Comunidad Parroquial en estos momentos. El primero nace del ayer, manteniendo algunas formas religiosas del pasado (cofradías, procesiones, fiestas: 14 de mayo: San Pedro Regalado; 29 de septiembre: San Miguel Arcángel, …), porque todavía hay respuesta y demanda social, aunque, no nos engañemos, es cada vez menor. El segundo es constatar quienes nos reunimos cada Domingo para celebrar la Eucaristía: pocos y mayores. Y el tercer rasgo es que sentimos la llamada novedosa del Señor a salir a anunciar el Evangelio, sin saber muy bien cómo. Para empezar a realizar esta última tarea nos estamos reuniendo los catequistas de Tarazona con los de Cantalapiedra, desde hace dos años, para orar y formarnos juntos, ante el desafío de la evangelización de los niños. También estamos empezando la catequesis familiar, invitando a algunas madres, una vez al mes, a la escucha del Evangelio para que luego se lo anuncien a sus hijos. Además hay un grupo de 15 personas que se preocupa de servir y tener todo preparado para la Eucaristía. Esperamos que el Señor vaya abriendo nuevos caminos para nuestra comunidad en la apertura de la comunión con otras parroquias cercanas.

Tomás Gil Rodrigo y Juan Andrés Martín, párrocos de Tarazona de la Guareña.

Fuente: http://www.parroquiadecantalapiedra.com/parroquias/tarazona-de-guarena.html

Nuestra infancia.

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"Recuerdo que hace tiempo, creo que antes de nacer..."

A mis casi 35 años he visto cambiar nuestro pueblo en todos los sentidos, y me viene a la imaginación esa vela que se va apagando y son muy pocos los que le echan cera para poder mantener desesperadamente la llama.

Recuerdo un patio de escuelas abarrotado de niños, donde los partidos de fútbol duraban una semana y casi un centenar de madres les llevaban "el recreo".
Vienen a mi mente imágenes de carreras para salir de la escuela, de rezos al empezar la clase, de trabajillos en el jardín, de cargar con cascaras de piñones para calentarnos en la estufa, que además suponía un grato premio cuando te mandaban a aquel cuarto que servía de almacén, siempre encontrabas piñones entre los cientos de kilos de cascaras, que comías rápidamente para no tardar demasiado y que no te echara la bronca el profesor: Don Carlos, Dña Aurora, Don José Luis...

El patio no tenía verjas, las pusieron años después. Recuerdo aquella reguera que estaba enfrente de mi casa, donde ahora está el centro médico, con una alcantarilla que servía de mostrador; a Enrique le gustaba ser el tendero, y nosotros le comprábamos pollos, que eran canteras, y le pagábamos con envases de Superflash. Estos "flases" vacíos siempre nos dieron mucho juego, el pueblo estaba lleno, los había por todas las esquinas, los recogíamos y los golpeábamos poniéndolos unos encima de otros dándole forma de cometas, que después atábamos a la bici y arrastrábamos por las calles.

En ese patio jugábamos a todo, tres en raya y a los puntos en la sombra de las casas de los maestros, a las esquinas, a los toros, a pillar, al fútbol y al baloncesto en unas canastas que nos hizo el herrero del pueblo; por supuesto, el suelo era de tierra y el balón era difícil de controlar pero allí jugamos durante años.
Se llenó de arena de río, una arena suelta que era perfecta para hacer circuitos de carreras de chapas con nombres de ciclistas.
Se empezó a pavimentar el pueblo y, en la nueva superficie,  dibujábamos campos de fútbol para jugar con estas chapas, dos porterías echas con una caja de Tulipán partida en dos y un garbanzo por balón. Recortábamos papeles y las decorábamos con nuestro equipo favorito. El Athletic de Bilbao siempre fue el mío, la Real Sociedad el de Toni, mi vecino; el derbi vasco también estaba asegurado en Tarazona.

Los juegos estaban organizados por temporadas que nunca supe cuando empezaba una y acababa otra, las peonzas, las chapas, las bolas, el clavo,... eran los principales juegos. Acababa el clavo y empezaban las peonzas, y así sucesivamente.
Jugábamos al fútbol con dos piedras por porterías o al minifúbol en los bancos de la plaza del ayuntamiento cuando éramos pocos.
Por la tarde-noche jugábamos a las esquinas, a lunes- martes- miércoles..., en las escaleras del ayuntamiento (antiguo centro médico), al cinto, a la cuerda, al burro, al escondite en la "Hermandad", a la goma, a policías y ladrones,... ¡¡¡Buff!!! nunca pensé que tuviésemos tantos juegos.
Siempre nos gustó el fútbol, los mayores solían jugar en la calle al lado de las escuelas y nos pasábamos horas jugando con ellos allí, después de cenar.
También al baloncesto con las letras metálicas que había en la Hermandad: "CAMARA AGRARIA LOCAL", la GR era la canasta.
Jugábamos con canastas fabricadas con madera y ruedas de bicicleta; y es que siempre había manitas que construían una, los menos habilidosos las hacíamos de colgar con tablero y aro, pero en nuestro pueblo los había muy apañados y eran capaces de construirlas con mástiles y todo.

Juan Luis era el más mañoso, un tipo peligroso que vivía en el Arrabal y del cual todos preferíamos ser sus amigos... (Colleja ganada por escribir ésto).
Era un tipo fuerte, fibroso, puro nervio, que hablaba a toda velocidad, hasta el punto de trabársele la lengua; llegamos a pensar que tenía un idioma propio.
Son muchos los juegos que compartí con mis amigos del Arrabal, José Félix, Carlos, Jesus y, por supuesto, con el jefe de todos ellos, Juan Luis, que imponía su ley.
Años después nos dimos cuenta de que no es tan fiero el león como lo pintan y que es una gran persona (Espero que con esto lo arregle y me libre de la colleja...).

Íbamos a misa todos los domingos, obligados por padres y profesores, para después tomar un jariguay (vasito pequeño de coca-cola o fanta) con 15 pesetas de aceitunas en el bar.
Nos preparábamos para tomar la Comunión, un acto mucho más solemne de lo que es ahora; los niños recitábamos un verso en el altar que previamente habíamos preparado en clase, para después salir en procesión; todavía recuerdo el verso que me tocó a mi.

El verano era la mejor época del año, meses que se hacían largos pero intensos. Nos bañábamos en el río, jugábamos en la alberca, en la cooperativa, en el basurero (No se ni cómo estamos vivos...), en los pinares, en cualquier cima de alpacas o corralón.
La alberca que había a las afueras del pueblo era, además de un foco de infección, poco menos que un vertedero, uno de los paraísos para nuestros juegos. Siempre nos contaron que allí, en su pequeña presa artificial, se ahogó una niña, pero ésto no nos disuadió para alejarnos de ese lugar tan sucio. El caso es que nos pasábamos las horas allí tirando piedras al agua, haciendo barcos, cazando ranas y grillos en sus alrededores, corriendo para asustar a los patos de Manolo, jugando con el barro e incluso patinado cuando se helaba en invierno.

La bici lo era todo; soñábamos con tener motos y tratábamos de imitar su ruido poniéndole una botella aplastada en los radios, o una cuerda en el manillar cuando queríamos que fuese un caballo. ¡¡¡Qué golpes nos pegábamos intentando conducir de esta forma!!!.
Ir con la bici a Torrecilla era una de las mayores aventuras que se podía experimentar, algo prohibidísimo por nuestros padres.
También íbamos a jugar a los alrededores de la bodega, en el camino que lleva hasta allí hay dos pequeños barrancos a los lados del camino, donde hacíamos toboganes, lo llamábamos "las cataratas del Niágara", sería por la espectacularidad de la pendiente... poco más de tres metros. Con Isma pasábamos muchísimas tardes allí.

San Miguel marcaba el fin del verano. Recuerdo a los "mayores" (no tendrían ni 18 años) cantando por la puerta de mi casa toda la noche, de entre todos ellos siempre me gustaba un tipo que cantaba canciones de OBUS: "vamos muy bien, borrachos como cubas y qué, aún nos mantenemos en pie y ya no pararemos hasta no poder ver, hasta no poder ver..."  Llevaba pantalones vaqueros rojos, ceñidos, pelo largo y rizado, al que llamaban Faus. El tipo más fuerte del pueblo, o por lo menos ese era el mito; se contaban mil batallas sobre el que ahora es un buen amigo mío. Creo que él, sin darse cuenta, nos metió el amor por el Rock y su mensaje en la cabeza, todavía no he podido sacármelo ni quiero.
Los toros, los bailes sentado en unos bancos que ponían  delante del escenario en el viejo salón, todavía sin reformar.
Las peñas llenas de jóvenes hasta el amanecer, su olor a ramas de chopo "ramera", tabaco y alcohol, su música a toda pastilla en viejos altavoces, el frío de esos días, el robo de cortinas para protegerse de un frío que no conseguía hacer decaer la fiesta...

La víspera de San Pedro, la segunda festividad del pueblo, se colocaba el mayo, recuerdo ver a los quintos picando, el olor de la corteza de aquellos chopos mezclado con el de las damajuanas de kalimotxo y cerveza. De entre todos ellos me viene a la memoria Maxi, siempre se apuntaba para picar el agujero del mayo, a pesar de ser mayor,  Juan "el canario", Narci, Sergi, Kiko y muchos otros, una gran cuadrilla de chicos y chicas; creo que a partir de ahí se empezó a perder la ilusión por esta fiesta.
Los bailes abarrotados de este día marcaban la principal atracción.

En San Isidro, hacíamos cola en la "Hermandad" para que los agricultores nos dieran galletas y dulces con un vasito de limonada; a veces nos dejaban repetir, y lo que nos sobraba lo llevábamos a casa.

La falta de nacimientos, la emigración, la falta de oportunidades nos han llevado hasta donde nos encontramos, un pueblo que será muy difícil pueda ofrecer infancias como las nuestras a los escasos niños que se crían en él. Estoy muy orgulloso de haber vivido esos años en Tarazona, y ahora nos toca a nosotros marcar el camino, aunque sea el de la puerta de salida de nuestro pueblo.
Años después nos llamaron la "Generación X", la última generación que supo valorar la vida en el pueblo, que jugó y trabajó cogiendo pepinos, la que sembró, abonó, entresacó, escardó, cosechó... y "cambió lluvias" en vacaciones para ayudar en el sustento de su familia, sin cumplir la mayoría de edad. La generación que después de muchos años, tubo que volver a emigrar y aprender a convivir con la "morriña". La que se vistió de soldado por obligación. La última con un televisor en blanco y negro, la que alucinaba con "La bola de Cristal"... 
"Cuando fuimos los mejores...".

Casa de 1879

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Hoy como curiosidad os traemos los planos reales de una casa de Tarazona de Guareña del año 1879. Estamos seguros de que alguno nos puede aportar de qué casa se trata, aunque posiblemente, si se conserva esté muy cambiada.
El plano original se encuentra en los Archivos Estatales del Ministerio de Cultura, en ella se detallan las distintas partes de la casa y el autor del plano.
Clicka en la imagen para ampliar.

Paisaje, territorio y recursos por Valentín Cabero

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Varias referencias históricas a nuestro pueblo y comarca.
Un breve resumen de la economía, la historia y los recursos de nuestra zona que esperamos que os guste.
Recuerda click en "Fullscreen" aquí abajo para ver el documento en pantalla completa (para leer más comodamente) y la tecla "Esc" de tu teclado para salir de este modo.

Citas de Don Miguel de Cervantes que hacen referencia a nuestro entorno.

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Ruben Andrés, desde tierras mejicanas, nos ha hecho llegar vía facebook las siguientes citas célebres que hacen referencia a nuestro entorno.

"No está en el mapa. Es mi tierra Mollorido, un lugar muy escondido allá en Castilla la Vieja."
 Don Miguel de Cervantes, "Los Baños de Argel".

"El negocio es que yo no pude sufrir a mi madrastra ni la vida estrecha de mi aldea, que es la de Mollorido, lugar entre Medina del Campo y Salamanca, recámara de su obispo. Del corte de las tiseras en las medias, salté con mi buen ingenio en cortar bolsas y cordones, que no hay faldriquera tan retraída y guardada que ...no visiten mis dedos".
Don Miguel de Cervantes, "Rinconete y Cortadillo".


La foto también es propiedad de Rubén. Muchas gracias y un saludo.
Referencia: Mollorido [+/-]

© Datos recopilados del Libro "Historia de Cantalapiedra", escrito por D. Hilario Almeida Cuesta, (Diputación de Salamanca 1991).

Era un poblado que existió al noroeste de Cantalapiedra, el cual, habiendo llevado vida propia, con su iglesia y cura, concejo y vecindario, fue comprado por nuestra Villa (Cantalapiedra) y se incorporó a su término. En algún escrito se ha podido leer que se llamaba "Monflorido". Si ese era su nombre, está muy claro su significado: "Monte Florido", cuyas palabras se contrajeron en otra más fácil de pronunciar, "Mollorido". Hoy ha cambiado su denominación original por la de "Nueva Carolina".

Dice un autor anónimo de mil ochocientos sesenta y tantos que se poseen datos seguros de que hacia los siglos XIV y XV llegó a contar con más de cien vecinos y que, desde 1516, comenzó a disminuir notablemente la población, por efecto sin duda de enfermedades endémicas.

Tuvo iglesia parroquial y una ermita, que se titulaban Nuestra Señora de la Olma y Los Castillos respectivamente. Estaban ubicadas en sendas lomas, entre las que discurría la calzada vieja de Medina a Salamanca. Cuando todavía estaban bajo el señorío del prelado y no era Villa exenta ninguna de las dos, Cantalapiedra pidió que Mollorido pagase sus tributos junto con ella. El procurador del Obispo se opone, alegando varios argumentos: Mollorido, aun en el caso de que haya andado con Cantalapiedra en los encabezamientos y servicios, era un lugar independiente de ésta, lo mismo en jurisdicción, términos, pastos y abrevaderos. Si algún ganado de ella entraba en sus términos o algún vecino iba a cortar leña, los de Mollorido los detenían y multaban. Un tal "Pedro Vaca", Alcalde Mayor de la Villa, daba en arrendamiento algunas tierras del pueblo, pero no era razón para que éste pagase junto con la Villa: los impuestos no se pagaban por el término.

Aunque reducido el pueblo, se sentía con ilusiones de independencia y con dinero para los gastos, porque, aprovechando la oferta del rey de retirarse del señoría del Obispo de Salamanca, lo consiguió un poco antes que su vecino Cantalapiedra y en negociaciones directas con la Hacienda Real y sin las fluctuaciones y sobresaltos de su compañero. Expuso sus condiciones por escritura ante Tristán de la Torre, escribano oficial mayor de la Secretaría de Hacienda, en 27 de Julio de 1580, y Felipe II dio comisión a Francisco Alderete para que otorgase la posesión de su término y oficios de la Villa de Mollorido. Alderete recorrió el alfoz, desde 26 a 31 de marzo de 1581, delimitando sus tierras de los pueblos próximos y le entregó la jurisdicción real, civil y criminal, alta y baja, mero y mixto imperio: todo sin contradicción alguna. De ello dio fe el escribano designado para el caso, Pedro Meruelo.

Poco les duró la libertad, porque se anejaron a Cantalapiedra. Los dos concejos pidieron al rey la licencia para su fusión. El 18 de Junio de 1614 les fue concedida, refrendada por Juan Gil de Cogollos, escribano de cámara. Se les dio la posesión efectiva el 3 de noviembre de dicho año. Por eso Cantalapiedra posee ambas jurisdicciones y el término de Mollorido, a pasto y labor, y un molino que está en el río Guareña. Y, como propietaria, cuando tiene que tomar un censo, entre las hipotecas figuran invariablemente el referido término y el molino harinero.

Llegado el año 1648, el 12 de Septiembre se deja a la iglesia sin Santísimo Sacramento y sin los medios necesarios para el culto, no se puede mantener con decencia. Dicho día, el bachiller D. Francisco Gómez, vicario de Cantalapiedra y notario apostólico, debidamente autorizado y después de informar a los alcaldes de Salamanca y Valladolid, consume el Santísimo y, ayudado por Alonso Bravo y el mayordomo Agustín García, lleva a la iglesia de Santa María del Castillo de Cantalapiedra todos los enseres de la iglesia de Mollorido.

Como todo edificio sin uso y en despoblado, sufriría la iglesia los embates de los desaprensivos que gozan con destruir lo que hallan sin protección. No sabemos hasta cuándo se mantuvo en pie, pero acabó por sucumbir y venirse abajo techos y paredes.

http://perso.wanadoo.es/cantalapiedrass/Mollorido-La%20Carolina.htm

Tierra de Peñaranda.

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Interesante libro sobre nuestra comarca con curiosidades sobre nuestras tradiciones, 12 páginas, no es muy largo, no seáis "vaguetes".

Pertenece a Angel Carril y esta edición digital está publicada en www.fundaciongsr.es .Si queréis descargarlo para poder leerlo más cómodamente pincha aquí o utiliza la aplicación.

Para los novatos, pinchad en el enlace "FULLSCREEN" en la parte de arriba de la aplicación y lo podréis leer utilizando el total de vuestra pantalla, después pinchad en "EXIT FULLSCREM" situado arriba, en rojo y la pantalla volverá a su estado normal... ¿fácil no...?

Nuestros antepasados podrían ser repobladores aragoneses.

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El texto hace referencia a la ciudad zaragozana de Tarazona y en él se menciona nuestro pueblo.

"Repartidas por el solar hispano encontramos otras Tarazonas, que se distinguen de la nuestra por el determinante que reproduce la comarca o región en que se asientan. En ello han influido desde el siglo pasado motivos administrativos —postales y cartográficos— porque todavía Pascual Madoz en su Diccionario geográfico, histórico y estadístico de España, Madrid, 1848, menciona (sin complemento) junto a la nuestra, dos más correspondientes a las provincias de Salamanca y de Albacete.
Ahora la primera se conoce como Tarazona de Guareña y la segunda como Tarazona de La Mancha.
Para Antonio Llorente, op. cit., p. 34, la primera «quizá recuerde el nombre de la villa aragonesa de Tarazona, de donde procedían los repobladores». Hipótesis que me confirma el gran medievalista Antonio Ubieto, quien añade la época: reinado de Alfonso I el Batallador."

¿Curioso verdad?

Escudo Heráldico Municipal de Tarazona de Guareña

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Este es el Escudo Heráldico Municipal de Tarazona de Guareña, lo exponemos aquí para que todos lo podáis conocer.
En Tarazona solo lo encontraréis en el Ayuntamiento (en alguna bandera de nuestro pueblo rara vez exhibida).

Este es el texto con el que se aprobó en 1994:

"La Diputación Provincial de Salamanca, actuando en virtud de las delegaciones conferidas por el Decreto 256/1990, de 13 de diciembre, de la Consejería de Presidencia y Administración Territorial de la Junta de Castilla y León, acordó, en sesión ordinaria de la Comisión de Gobierno, celebrada el día 25 de noviembre de 1994, aprobar el Escudo Heráldico Municipal adoptado por el Ayuntamiento de Tarazona de Guareña, que ha quedado blasonado de la siguiente forma: Escudo partido. Primero de gules con ondas de plata y azur, surmontadas de dos peces de plata puestos en palo. Segundo jaquelado de quince piezas, ocho de oro y siete de gules, cargadas éstas de tres fajas de plata cada una. Timbrado de la Corona Real Española. Salamanca, 12 de diciembre de 1994.-El Presidente, José Dávila Rodríguez. "

Fuente: Wikipedia, BOE

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